Como dice el refrán

Como dice el refrán

Yo soy de esas personas (como Sancho Panza) a la que le encantan los refranes y los usa constantemente. Me gusta usarlos en español y me ha gustado aprenderlos en otras lenguas, como en francés o portugués. Como alumna me he sorprendido muchas veces de los parecidos entre los refranes. Hace unos años, en mi clase de portugués, aprendí que en portugués hay una versión de nuestro de tal palo tal astilla, aunque, eso sí, con una vertiente para resaltar talentos (filho de peixe, peixinho é) y una vertiente para destacar defectos (filho de gato, gosta do rato). Literalmente vienen a decir el hijo del pez, pececito es y al hijo del gato le gusta el ratón.

Creo que a los estudiantes de idiomas les suele gustar aprender refranes y me parece interesante que su enseñanza se incluya en los contenidos didácticos tanto del plan curricular como de los libros de texto de ELE. Es una manera de acercar a los estudiantes el saber popular a la vez que se practican estructuras prefijadas en el idiomas. Puede ser, además, una bonita ocasión para intercambiar ideas y contrastar refranes en clases donde los estudiantes tienen diferentes nacionalidades y lenguas maternas. Además, en principio puede parecer que el aprendizaje de refranes debe quedar reservado a niveles medios o altos, pero también es posible llevarlos al aula en actividades de precalentamiento o cierre. Para un alumno o alumna de nivel principiante, aprender un refrán supone retener y reproducir un conjunto completo y prefabricado de palabras y estructuras, en lugar de unir palabras y estructuras según normas que aprende poco a poco, lo que puede contribuir a fomentar la motivación y autoestima del estudiante (Seth Lindstromberg: 1997, 54).

En esta ocasión, tuve que enseñar algunos refranes a mis alumnas de nivel B2 y decidí llevar a clase esta sencilla actividad para la práctica de refranes.

Para empezar, comenzamos hablando de los refranes: qué son, cuáles se conocen, etcétera. A continuación, leímos un pequeño texto donde se hablaba de la antigüedad de los refranes y su importancia en la lengua española. Entonces los alumnos debían llevar a cabo una actividad de práctica controlada en la que debían unir el comienzo del refrán con su continuación y determinar su significado. Hecho esto, comentamos si en la lengua materna de los estudiantes (en mi caso, eran principalmente estudiantes estadounidenses) existían versiones de estos refranes o no, y si podían traducirlos al español. Después, por parejas, debían escribir un diálogo que representase una situación de la vida cotidiana, usando estos refranes u otros que ya conociesen.

En la siguiente clase, a modo de precalentamiento, llevé unas tarjetas con inicios y finales de los refranes estudiados. Di algunos inicios a unos estudiantes y algunos finales a otros, de manera que cada alumno encontrase a su pareja y formase el refrán. Esta segunda parte de la actividad podría también utilizarse como actividad de transición, a fin de crear nuevas “parejas de trabajo” en la clase.

Otra posible ampliación para la actividad es hacer un juego de mímica. Recuerdo que mi profesor de francés de C1 en el centro de idiomas de la universidad nos enseñó algunas frases hechas  y juegos de palabras en francés. Después de estudiarlos en clase, nos separó en dos grupos. Las personas de cada grupo debían representar con mímica cada refrán (bien ciñéndose al significado literal, como être aux aboies o estar a los ladridos) o al significado metafórico (estar desesperado); las personas del grupo contrario debían adivinar el refrán. Fue bastante divertido y, desde luego, creo que todos recordamos esas frases para los restos.

Cultura y civilización ELE Enseñanza de segundas lenguas